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Estrenar gafas debería sentirse bien. Nueva montura, visión más definida y, muchas veces, hasta un pequeño cambio de estilo. Sin embargo, llegas a casa, te las pones durante un rato y aparece una sensación inesperada: el piso parece diferente, mover la cabeza se siente extraño o aparece un ligero mareo. Tranquila, porque la adaptación a lentes progresivos y a otras fórmulas nuevas puede requerir un periodo de ajuste. En Calisto Lens Neiva queremos que entiendas qué está pasando y, sobre todo, qué puedes hacer para que tus ojos y tu cerebro se acostumbren de una manera mucho más natural.
Lo primero es evitar una idea bastante común: pensar inmediatamente que las gafas quedaron mal. Cuando cambia tu fórmula, el diseño del lente o pasas a utilizar progresivos, tu sistema visual necesita aprender a interpretar una nueva manera de ver. Algunas personas prácticamente no sienten el cambio; otras necesitan varios días. La experiencia es distinta para cada persona y por eso conviene acompañar el proceso, en lugar de guardar las gafas nuevas en un cajón después del primer día.
¿Por qué puedo sentir mareo con mis gafas nuevas?

El mareo por gafas nuevas puede aparecer porque tus ojos estaban acostumbrados a una corrección diferente. Incluso si veías menos nítido con tus gafas anteriores, tu cerebro ya conocía esa imagen y había aprendido a desenvolverse con ella.
Entonces llega una fórmula nueva y cambia la percepción. Puede que ahora veas mucho mejor a determinada distancia, pero durante los primeros usos notes que algunos objetos parecen estar ligeramente más cerca o más lejos, que el suelo se siente diferente al caminar o que necesitas unos segundos para enfocar con comodidad.
Esto puede sentirse todavía más al cambiar de tipo de lente. Por ejemplo, una persona que empieza a utilizar lentes progresivos debe aprender a aprovechar diferentes zonas del mismo lente para ver de lejos, a distancia intermedia y de cerca. Aquí ya no basta con mover únicamente los ojos como quizás hacías antes: la cabeza también empieza a participar.
Adaptación a lentes progresivos: dale tiempo a tu mirada

Imagina que estás trabajando frente al computador y luego recibes un mensaje en el celular. Levantas la mirada para ver algo al otro lado de la oficina, vuelves a la pantalla y después lees el teléfono. Con unos lentes progresivos, esas distancias pueden corresponder a zonas diferentes del lente.
Al principio hay que aprender a encontrarlas.
Para mirar de lejos, dirige la mirada principalmente por la zona superior del lente. Cuando necesites leer o revisar el celular, baja suavemente la mirada hacia la zona destinada a visión cercana. Para distancias intermedias, como el computador, necesitarás encontrar el área que te permita enfocar cómodamente.
No intentes dominarlo todo durante las primeras horas. Úsalos en situaciones cotidianas y permite que el movimiento vaya volviéndose automático. Poco a poco dejarás de pensar en qué parte del lente estás utilizando.
Un consejo sencillo: acompaña la mirada con la cabeza
Este detalle puede hacer una gran diferencia durante la adaptación a lentes progresivos.
Si quieres mirar algo que está hacia uno de tus lados, especialmente durante los primeros días, procura girar un poco la cabeza hacia el objeto en lugar de llevar solamente los ojos hacia los extremos del lente. Esto ayuda a dirigir la mirada hacia la zona adecuada y puede disminuir algunas sensaciones extrañas producidas por las áreas periféricas.
Piensa, por ejemplo, en una conversación. Si alguien está sentado a tu derecha, gira naturalmente la cabeza hacia esa persona. Parece demasiado sencillo, pero precisamente de eso se trata: incorporar movimientos cotidianos que ayuden a que el uso de tus nuevas gafas resulte cada vez más intuitivo.
Después de un tiempo probablemente ni siquiera recordarás que tuviste que aprenderlo.
Mucho cuidado al bajar escaleras
Hay una situación en la que sí recomiendo prestar especial atención durante los primeros días: bajar escaleras.
Con lentes progresivos, si bajas únicamente los ojos para mirar los escalones, podrías terminar observándolos a través de una zona diseñada para una distancia diferente. Eso puede alterar temporalmente tu percepción y hacer que el escalón se sienta extraño.
Así que nada de correr.
Al bajar escaleras, inclina ligeramente la cabeza para buscar una visión cómoda de los peldaños, utiliza el pasamanos cuando sea necesario y avanza con calma mientras te acostumbras. Lo mismo aplica para desniveles, andenes o superficies que requieran calcular bien dónde vas a apoyar el pie.
Son pequeños ajustes, pero durante los primeros días pueden darte mucha más seguridad.
No cambies constantemente entre las gafas viejas y las nuevas
Aquí aparece otra tentación muy común. Usas las gafas nuevas durante una hora, sientes algo extraño y vuelves inmediatamente a las anteriores porque “con esas me siento normal”.
Después pruebas nuevamente las nuevas… y otra vez regresas a las viejas.
Ese cambio constante puede dificultar el proceso de adaptación, porque tu sistema visual recibe una corrección y poco después vuelve a la anterior. Siempre que el profesional que te atendió haya indicado el uso habitual de las nuevas gafas, intenta seguir sus recomendaciones y darles una oportunidad real.
Eso sí, adaptarse no significa aguantar indefinidamente molestias importantes. Si el malestar es intenso, persiste o simplemente sientes que algo no está funcionando bien, es recomendable volver a la óptica para revisar tus lentes y el ajuste de la montura.
¿Cuánto tiempo debería tardar en acostumbrarme?

Esta es probablemente una de las preguntas que más aparecen cuando alguien estrena fórmula.
No existe un número exacto que funcione para todas las personas. La adaptación depende de factores como el cambio de fórmula, el diseño del lente, la experiencia previa utilizando gafas y, por supuesto, si estás estrenando lentes progresivos.
Por eso prefiero hablar de adaptación como un proceso y no como una carrera contra el reloj.
Dale a tu visión la oportunidad de acostumbrarse mientras realizas tus actividades habituales. Ahora bien, si pasan los días y continúas experimentando dificultades importantes para enfocar, mareos intensos o una sensación visual que no mejora, conviene solicitar una revisión.
Cómo limpiar mis lentes sin terminar rayándolos
Una vez superado el proceso de adaptación aparece otro tema fundamental: cuidarlos correctamente. Y aquí la pregunta “¿cómo limpiar mis lentes?” parece sencilla, pero muchos de los pequeños rayones que aparecen con el tiempo tienen relación con nuestros hábitos diarios.
Evita limpiar los lentes en seco cuando tienen polvo o partículas adheridas. También es mejor dejar de utilizar la camiseta, servilletas, papel higiénico u otros materiales improvisados para frotarlos.
Lo recomendable es retirar primero las partículas que puedan generar fricción y utilizar métodos y productos apropiados para lentes. Después, seca o limpia suavemente con una microfibra limpia, sujetando las gafas con cuidado.
Y un detalle que solemos olvidar: la microfibra también se ensucia. Si la llevas durante meses en el bolso junto a monedas, maquillaje, llaves y otros objetos, difícilmente seguirá siendo la mejor superficie para limpiar tus lentes.
Tus gafas también necesitan buenos hábitos cuando no las usas
No todo depende de la limpieza. La forma en que guardas tus gafas influye muchísimo en su conservación.
Cuando no las estés utilizando, procura dejarlas dentro de un estuche adecuado. Evita ponerlas con los lentes hacia abajo sobre una mesa y no las lleves sueltas dentro del bolso. Además, en una ciudad calurosa como Neiva, evita dejarlas durante periodos prolongados dentro de un vehículo expuesto al sol.
De hecho, este último hábito merece especial atención: las temperaturas elevadas pueden afectar algunos materiales de las monturas y determinados tratamientos de los lentes. Si acostumbras dejar tus gafas en el carro, puedes conocer más en nuestro artículo sobre cómo proteger tus gafas y lentes oftálmicos del calor extremo en Neiva.
Unas buenas gafas pueden acompañarte durante muchísimo tiempo, pero también necesitan que las tratemos como lo que son: un elemento de uso diario que requiere cuidado.
La montura también influye en cómo te adaptas
A veces concentramos toda la atención en la fórmula y olvidamos algo tan evidente como la posición de las gafas sobre nuestro rostro.
Una montura demasiado baja, torcida o que se desliza constantemente puede modificar la posición desde la que estás mirando a través de los lentes. Esto cobra todavía más importancia en diseños progresivos, donde existen diferentes zonas de visión.
Por eso la elección y el ajuste de la montura forman parte de una buena experiencia. No buscamos simplemente unas gafas bonitas; necesitamos que se adapten correctamente al rostro y permitan aprovechar la solución óptica elegida.
En Calisto Lens Neiva puedes encontrar diferentes diseños de monturas para dama y caballero y recibir orientación durante el proceso. Porque sí, queremos que veas bien, pero también que te mires al espejo y pienses: “estas sí son para mí”.
¿Sigues mareándote? No normalices una molestia que no mejora
Una pequeña sensación de cambio al estrenar gafas puede formar parte del proceso de adaptación, pero eso no significa que debas acostumbrarte a sentirte mal.
Si notas que el mareo por gafas nuevas no disminuye, tienes dificultades persistentes para enfocar, sientes que una zona nunca se ve correctamente o tus gafas quedan incómodas sobre el rostro, vuelve a revisarlas.
Puede ser necesario comprobar el ajuste de la montura, revisar cómo están posicionados los lentes o determinar qué está provocando la molestia. Preguntar también hace parte de cuidar tu visión.
Y aquí está la diferencia entre simplemente comprar unas gafas y sentir que tienes acompañamiento después de estrenarlas.
Tus próximas gafas pueden empezar con una mejor experiencia
Elegir lentes nuevos debería darte tranquilidad, no llenarte de dudas. Saber cómo utilizarlos durante los primeros días, aprender a moverte con progresivos, tener precaución en las escaleras y entender cómo limpiarlos correctamente puede hacer que todo el proceso resulte mucho más sencillo.
Si estás buscando la mejor óptica de Neiva para comprar tus próximas gafas, en Calisto Lens encuentras acompañamiento, variedad de monturas y soluciones ópticas pensadas según tus necesidades visuales. Además, contar con orientación antes y después de recibir tus lentes puede ayudarte a entender mejor ese periodo inicial de adaptación.
Al final, tus gafas van a acompañarte frente al computador, conduciendo, leyendo un mensaje, trabajando y compartiendo con tu familia. Vale la pena elegirlas con calma, cuidarlas bien y preguntar cuando algo no se siente como debería.
En Calisto Lens queremos que estrenar gafas se sienta justamente así: como volver a mirar tu día con claridad, comodidad y estilo.
¿Estás pensando en renovar tus lentes o necesitas orientación para elegir tus próximas gafas? Visítanos en Neiva y encuentra una opción pensada para ti.







